Las ganas de adelgazar y los medios terapéuticos

Hoy en día, la obesidad es reconocida como una verdadera patología que exige una estrategia de prevención así como ciertos medios terapéuticos adaptados a cada paciente.

Ante la demanda creciente de protocolos de adelgazamiento, no se puede limitar la respuesta terapéutica a un simple objetivo ponderal, sin tener en cuenta a la persona de manera global, considerando su estado de salud y su calidad de vida a largo plazo.

Hay que empezar analizando la situación clínica del paciente así como las razones que le conducen a querer perder peso.

Luego, se procede a una evaluación clínica de los riesgos de la sobrecarga ponderal para la salud del paciente, reconstruyendo la historia ponderal y precisando el contexto psicosocial y la motivación de estas ganas de adelgazar. Y se considerará el índice de masa corporal, la localización de la masa grasa, el perímetro de cintura y la cantidad de grasa abdominal visceral, como elementos críticos en el desarrollo de complicaciones metabólicas y cardiovasculares.

Si el paciente presenta un sobrepeso moderado con signos de que éste se acentuará con el tiempo (predisposición genética, peso “yo-yo”, factores psicológicos y/o sociales particulares), el objetivo prioritario será prevenir la toma de peso, centrándose la terapia en los comportamientos alimentarios.

Si el paciente presenta una obesidad con comorbilidad asociada, el adelgazamiento se convierte en una urgencia para corregir ciertas señales de alerta como la hipertensión arterial, la dislipidemia, el DNID, la apnea del sueño y las complicaciones respiratorias, cardíacas y reumatológicas.

Es importante tener en cuenta los objetivos sociales y psicológicos para restaurar la autoestima y luchar contra el rechazo social. De este modo, el objetivo de la pérdida de peso puede centrarse en una reducción del 5 al 15 % del peso inicial, con efectos significativos sobre los parámetros sanguíneos. Se trata de hacer aceptar al paciente un objetivo modesto que se inscriba en el largo plazo.

Las distintas modalidades terapéuticas deben eliminar todo lo que puede provocar una recaída, rectificando los dos aspectos de la balanza energética (toma alimentaria y gasto energético), aportando apoyo psicológico y modificando los comportamientos y los hábitos alimentarios.

El abordaje nutricional debe identificar de manera personalizada tanto los trastornos del comportamiento como sus factores psicológicos, con el fin de facilitar el respeto de las normas nutricionales a largo plazo. Se prescribirá también el ejercicio físico según las capacidades del paciente. Un primer objetivo será de caminar 30 mn al día.

En cuanto a la obesidad muy severa asociada al fracaso de todo tipo de acciones, se aconseja realizar una cirugía de reducción plástica, sin olvidar las acciones de apoyo psicológico y las acciones comportamentales en el marco del seguimiento post-operatorio para evitar posibles recaídas y complicaciones.

Es evidente que no se puede adelgazar adecuadamente por medio de un libro o de la enésima dieta milagro, cuyo objetivo es siempre y únicamente la pérdida de peso. Hay que optar por un tratamiento a largo plazo que aborde la obesidad y el sobrepeso de manera global, lo que exige recurrir a los profesionales de la salud y de la nutrición.

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