Las intolerancias alimentarias forman parte de las reacciones alimentarias que no provienen de una reacción inmunitaria.

Existen en la alimentación moderna multitud de ingredientes susceptibles de inducir una intolerancia que puede provocar manifestaciones clínicas más o menos fuertes (fragilidad intestinal, toma de peso, migrañas, hiperactividad, depresión, etc.), por culpa de la repetitividad del contacto a lo largo de la vida.

Podemos citar ciertos aditivos alimentarios conocidos que poseen unos efectos bien identificados (colorante azoico e hiperactividad del niño), pero también aquellos en los que no se piensa habitualmente, como la pimienta, el apio, las especias, los sulfitos, etc.

La intolerancia más difundida es la intolerancia a la lactosa causada por un déficit enzimático de lactasa. La intolerancia al gluten es una enfermedad en sí misma llamada enfermedad celíaca. La exclusión de alimentos que contienen lactosa o gluten aporta unos resultados rápidos y significativos en el plano de la salud.

Las intolerancias alimentarias a largo plazo engendran unas inflamaciones crónicas locales y luego generales, que pueden influir en la aparición de enfermedades graves (enfermedades auto-inmunes, reacciones alérgicas pulmonares, digestivas, etc.).

La ausencia de enzimas capaces de “cortar” proteínas gigantes (lactoglobulinas, gluten) crea a nivel del intestino unas fermentaciones y putrefacciones que modifican la flora intestinal. Estas putrefacciones provocan un estado de inflamación crónico implicado en las problemáticas del sobrepeso: hinchazón, colon irritable, colopatía funcional, estreñimiento y/o diarrea, flatulencia, infecciones con candida albicans, náuseas, rectolitis hemorrágica, etc.

El micronutricionista puede optar por complementos alimentarios específicamente adaptados para mejorar la digestibilidad de los nutrientes. Ciertas cepas probióticas de Bifidobacterias y de Lactobacilos mejoran la digestión de la lactosa para reducir la flatulencia, la diarrea, las migrañas, etc. Y se utiliza tradicionalmente las levaduras llamadas Saccharomyces Boulardii para actuar sobre la esfera digestiva en caso de espasmos dolorosos o episodios diarreicos relacionados con la intolerancia a un alimento.

Para gestionar mejor la digestibilidad intestinal en general, se recomienda tomar de 5 a 10 mil millones de cepas probióticas “vivas” al día, durante 3 meses, debiendo renovarse al menos 2 veces al año.

 

¡Con Inovance PROBIOVANCE D5, podéis preservar vuestra tolerancia digestiva a los alimentos!

 

 

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