Durante el embarazo, la salud de la madre, y alimentación, tienen un impacto sobre la salud del niño. La nutrición de los pequeños genera gran número de dudas.

Muchas madres son conscientes de la importancia de una alimentación sana y equilibrada desde edades tempranas. La aplicación cotidiana de estos principios está lejos de las buenas intenciones.

La diversificación alimentaria a partir de los primeros meses hasta los 3 años está directamente influenciada por los hábitos alimentarios y los gustos de la mamá, que es quien prepara la comida en muchos casos.

Ella debe pues equilibrar y diversificar la alimentación: los platos preparados para bebés de entre 1 y 3 años responden a los criterios nutricionales específicos, pudiendo así aportar tranquilidad a las madres.

Sin embargo, la oferta para los más jóvenes, está muy presente y diversificada en las grandes superficies, pudiendo conducir a un exceso de azúcar, y por tanto a un desarrollo precoz del número de células adiposas, así como de la talla de éstas.

Entre 3 y 7 años, el niño imita con gran facilidad el comportamiento de los adultos y, en materia de nutrición, es el comportamiento alimentario de la madre el que prevalece.

Después de haber interrogado a 107 madres y sus hijas de entre 4 y 7 años, investigadores americanos han podido observar que las niñas imitan a sus madres, por ejemplo añadiendo fruta y verdura en sus platos, con un beneficio de salud asociado a los aportes de antioxidantes y vitamina C, así como un mejor equilibrio del peso.

A los 9 años, ya ha pasado el tiempo de la imitación, y los niños más «difíciles» son aquellos que han sufrido mayor presión a los 7 años por comer más.

Tienen entonces más riesgos de carencias de ciertos micronutrientes (fibras, vit E, vit C, calcio, magnesio), aunque se benefician de un menor riesgo de sobrepeso por su reducido consumo de grasas y azúcares.

El estudio mencionado ha mostrado también que la influencia de las madres sobre sus hijos puede diferir en cuanto al sexo, pues los padres, y principalmente la madre, tiene más expectativas en cuanto al peso corporal de su hija que al de su hijo, lo cual se refleja en los hábitos y comportamiento alimentario de los varones.

Como madre «protectora», es importante dar ejemplo lo más temprano posible, sin caer en esquemas obsesivos. Con comportamientos sencillos como comer fruta y verdura fresca cada día, con reglas de buena nutrición para toda la familia, el niño se inicia en los hábitos saludables.

Sin lugar a dudas, la influencia de la mamá se hará sentir durante muchos años.

 

Fuente :

*INSERM : estudio EDEN – Maternidad regional de Nancy, Centro Hospitalario Universitario de Poitiers (Francia), 2007.

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