El patrimonio genético heredado de nuestros padres es irreversible y orienta nuestra predisposición a tomar peso. En cambio, las marcas epigenéticas constituyen une memoria viva de las experiencias vividas, ya sean benéficas o nocivas. Además, estas marcas son reversibles.

Recientemente identificada, la influencia de la herencia sobre el peso muestra unos mecanismos relacionados con el metabolismo de base, más o menos elevado según los individuos.

Así, dos individuos diferentes que consumen el mismo número de calorías, tendrán un aumento de peso distinto. Se evalúa la transmisión del sobrepeso de padres a hijos a:

– 40% de riesgo de sobrepeso si uno de los padres tiene sobrepeso,

– 80% de riesgo de sobrepeso si los dos padres tienen sobrepeso.

El riesgo existe realmente, pero es solamente una predisposición que puede no actualizarse en la práctica, si el niño tiene una alimentación adecuada y una buena actividad física.

Hay que señalar sin embargo que no todos los obesos provienen de familias de obesos, ya que una persona sin ninguna predisposición puede devenir obesa y modificar entonces el patrimonio que transmitirá a su hijo, generando así en éste una predisposición a la obesidad.

Como esta transmisión no se efectúa por la vía del ADN, aún es inexplicable hoy en día y es objeto de innumerables investigaciones. La epigenética estudia, entre otras cosas, la influencia del entorno sobre el peso. Los primeros datos, que se remontan a unos veinte años, ya mostraban que el entorno y la nutrición de los padres y de los abuelos interviene en el peso del feto, del bebé, del niño e incluso del adulto.

Estos factores no sólo influyen sobre el peso, sino también sobre la aparición de ciertas enfermedades como la diabetes, el síndrome metabólico o las enfermedades cardiovasculares.

Ha quedado demostrado que un bajo peso al nacer, asociado a una malnutrición, aumenta el riesgo cardíaco en edad adulta. Queda por descubrir cómo estas marcas epigenéticas provocadas por las carencias del entorno en período prenatal pueden influir sobre el riesgo de obesidad o de enfermedades cardiovasculares.

Estas marcas son reversibles y varían en función del momento de la exposición, de su duración, de la dosis y del sexo del feto. El carácter reversible de estas marcas permite atenuar, o incluso a veces eliminar, los efectos de una mala programación, contrariamente a lo que ocurre con el patrimonio genético.

Partiendo de que cualquier intervención puede acarrear efectos desconocidos, habrá que realizar más estudios antes de intervenir en la mala programación epigenética. Ante esta realidad, es importante establecer buenas recomendaciones nutricionales para la mujer antes, durante y después del embarazo, así como informar sobre la predisposición genética, sin recurrir por ello a discursos alarmistas.

 

 

Fuente: Barker D.J.P et al ; lancet ; 1986 ; 327 :1077-1081 – Junien c. y al ; Médecine et science ;2005 ;21 :396-404 – TOBI E.W. y al ; Hum Mol Gen ;2009 ;18 :4046-4053.

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