Recientemente se ha propuesto el uso de la curcumina, un polifenol natural no tóxico, para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas y neurológicas. Sin embargo, existe una discrepancia entre las actividades farmacológicas bien documentadas que la curcumina parece poseer in vivo y las restricciones de su solubilidad acuosa, su biodisponibilidad y sus perfiles farmacocinéticos que deberían limitar cualquier efecto terapéutico. De este modo, es posible que la curcumina pueda tener efectos reguladores directos, en especial en el tracto gastrointestinal, donde hay presentes altas concentraciones de curcumina después de la administración oral.
De hecho, una nueva hipótesis de trabajo que podría explicar el papel neuroprotector de la curcumina a pesar de su limitada disponibilidad es que esta actúa indirectamente sobre el sistema nervioso central al influir en el "eje microbiota-intestino-cerebro", un complejo sistema bidireccional en el que el microbioma y su composición representa un factor que preserva y determina la "salud" del cerebro. Curiosamente, la curcumina y sus metabolitos podrían proporcionar beneficios al restaurar la disbiosis del microbioma intestinal. Por otro lado, la curcumina está sujeta a modificaciones enzimáticas bacterianas, que generan metabolitos más activos farmacológicamente que la curcumina. Estas interacciones mutuas permiten mantener unas funciones fisiológicas individuales adecuadas y desempeñan un papel clave en la neuroprotección.
